Invierno
El día más corto del año, cuando aquí son dieciséis horas de oscuridad, da el pistoletazo de salida a la estación más fría y, para algunos, la más incómoda. En invierno salimos menos de casa y, cuando lo hacemos, es con gorro, guantes y una bufanda que llegaría hasta México. Y sin embargo el invierno puede ser precioso: por ejemplo, una tarde de nieve en Königsplatz, cuando los conejos pasan dando saltos en silencio. Múnich parece entonces aún más apacible de lo que ya es, y también un poco cursi, pero en el buen sentido. Se deje ver o no el blanco esplendor invernal, en invierno hay muchísimo que hacer en Múnich.
Un paseo invernal por el Westpark
El Westpark es uno de nuestros parques preferidos: nunca se llena del todo y en invierno sigue habiendo mucho que ver. Plantarse ante la Sala tailandesa cubierta de nieve es sentirse, por un momento, en otro país. Y bajar hasta el Westsee es asomarse al romanticismo invernal de Múnich en estado puro; volverá a casa de buen humor. Otro punto a favor del parque: el Mollsee y el Westsee están en extremos opuestos, así que puede pasear de un lago al otro y hacer de ello una tarde entera.
Pida un buen cóctel a domicilio o prepárelo usted mismo
No hay jigger en el mundo capaz de medir cuánto echamos de menos nuestra barra favorita. La compañía y el ambiente son difíciles de sustituir ahora mismo, pero en el frente de las copas hay solución. Nada en contra de la cerveza de la esquina o del vino con gaseosa en el sofá, aunque a veces la ocasión pide algo más. Igual que antes los camareros de confianza le leían el deseo en los labios, ahora se lo llevan a casa. Salon Irkutsk envía mensajeros con regularidad, y también Call Soul y Bar Garcon, con hielo y botellas de combinados ya preparados, del Negroni al Vieux Carré. Y si prefiere echarse el paño de barra al hombro usted mismo, le recomendamos la versión casera al cien por cien. Un whiskey sour o un gin fizz no tienen ningún misterio y la red está llena de buenas recetas; la nuestra preferida es la de este ameno caballero australiano. Es además una excelente excusa para conocer algunos destilados locales, entre el Duke Gin y el whisky Slyrs.
Contemple la instalación de luz del Kunstareal
Con sus edificios solemnes y sus fachadas imponentes, el Kunstareal impresiona en cualquier época del año. Pero lo que lo corona es la actual intervención lumínica, que se puede ver hasta el 14 de febrero de 2021. Le recomendamos vivamente pasear por Maxvorstadt y verlo con sus propios ojos: cada día, al caer la tarde, dieciocho museos entre Königsplatz y Theresienstraße se iluminan con instalaciones de luz y vídeo. Coja la cámara y salga a dar un pequeño paseo artístico por la que probablemente sea ahora mismo la exposición más impactante de la ciudad.
Escuche la mejor música desde la Telemilla
La Milla no falla. Es un hecho: podría gritárselo a desconocidos por la calle y no les quedaría más remedio que darle la razón. Mucho antes de este año extraño, la Milla nos llevaba en volandas a través de las noches, y por suerte tampoco este año se ha dejado frenar. De ahí que el sábado pueda volver a escuchar música en directo de primera en su salón y bailarla como es debido. Con su ciclo Telemilla, el club le envía a casa, durante las próximas semanas, conciertos grabados en vivo entre sus propias paredes. Así que: compre la entrada y ponga una botella a enfriar.
Correr junto al canal de Nymphenburg
No nos engañemos: usted nos ha visto y nosotros a usted, todos con zapatillas nuevas o chándal recién estrenado. Correr fue, y sigue siendo, el acontecimiento deportivo del año. ¿Pero adónde ir cuando lo hace todo el mundo? A Nymphenburg, por ejemplo, donde se trota junto al canal a la sombra de la realeza; es especialmente hermoso a primera hora de la mañana. En Giesing la hora da igual y el recorrido es igual de bonito: se sale del Grünwalder Stadion y se toma el camino de detrás hacia Harlaching (pulmones: aceptables) o Grünwald (pulmones: notables). Cuando el sol se cuela entre los árboles por detrás de las torres del priorato, hasta el perezoso que lleva dentro da saltos de alegría.
Alta cultura en casa con Staatsoper TV y una fondue
¡Más arte para todos! Eso pensó la Ópera Estatal de Baviera, y desde hace un tiempo Staatsoper TV nos deja asomarnos a sus producciones. Por norma son gratuitas y, desde 4,90 euros, se consigue además una entrada de 24 horas para funciones pasadas en Vimeo, donde cada obra está disponible como vídeo bajo demanda. De Falstaff a La Bohème pasando por Die Welt bewegen, hay para todos los corazones operísticos. Y para que el estómago esté de tan buen humor como el oído, prepárese algo festivo. Una fondue, por ejemplo: le va bien a la luz dorada de la ópera, y ambas cosas tienden a alargarse. MyFondue ofrece mezclas listas que puede componer usted mismo a partir de cuarenta y cinco ingredientes y pedir a domicilio. ¿Alguien ha perdido su trocito de pan?
Paseo por el bosque y trineo en el Perlacher Mugl
El Perlacher Mugl queda algo escondido, y por eso resulta aún más bonito, en pleno Perlacher Forst. Este bosque del sur de Múnich linda directamente con Harlaching. Lo más cómodo es tomar el tranvía 15 o 25 hasta el Großhesseloher Brücke; desde allí, unos treinta minutos de paseo entre árboles llevan hasta el Mugl. A sus pies hay una pendiente suave, ideal para los niños. La bajada más larga empieza en la casetita de la cima y sigue el sendero hasta abajo. Las pistas del Olympiapark o del Fröttmaninger Berg son más rápidas, cierto, pero el paseo por el Perlacher Forst nevado convierte esta en la mejor excursión invernal.
Comprar y picar en el mercado semanal del barrio
En ningún sitio se disfruta tanto del gusto por lo local, la comida y los barrios de Múnich como en el mercado semanal del propio barrio. Los ingredientes más frescos siguen estando en el mercado. Es especialmente agradable el de Lehel, donde por lo demás no pasa gran cosa: los jueves se reúnen en St.-Anna-Platz los puestos más variados, con todo, desde tartas espléndidas hasta pasta fresca. En el Westend el jueves es también día de mercado, y quien viva cerca debería acercarse al pequeño pero encantador mercado de agricultores de la Georg-Freundorfer-Platz. Y por último, algo para los de Giesing, al otro lado, en la Au: cada sábado por la mañana, en la Mariahilfplatz, hay verdura excelente y una buena selección de carne. Cómprese un panecillo de Leberkäs para comer de pie y camine un rato junto al Isar.
Comida reconfortante de Fink’s, Caspar Plautz y SAM
La comida reconfortante es el elixir de la vida: umami, sabrosa, cálida, hogar, llámela como quiera. En invierno hace falta algo caliente en el estómago, algo contundente que le empuje a uno hacia delante. Y ya sea para llevar o para recoger, las cocinas de Múnich cumplen. En Fink’s Knödelküche, por ejemplo, puede llevarse los Knödel ya cocidos o congelados para terminarlos en casa. Imagínese: se calza las zapatillas a primera hora, sale del dormitorio todavía aterido y, camino de la cocina, recuerda que le quedan Schlutzkrapfen en el congelador. Ya con fuerzas y bien abrigado, ponga rumbo al Viktualienmarkt y a Caspar Plautz, donde las patatas asadas calientes dan energía. A la vuelta, pare en Salon Irkutsk por un pelmeni de camino y, en casa, haga un pedido a SAM. Y si el sushi no ha acabado con usted, que el frío quema calorías como todo el mundo sabe, recoja un Kaiserschmarrn de los buenos en el Kaisergarten durante el paseo digestivo.
No moverse del sofá y ver Múnich en las series locales
Cada vez que se habla de la televisión alemana, la conversación va o bien de algo artístico, austero y genial, quizá incluso en blanco y negro, o bien de comedias infames de sábado por la noche con los mismos cinco actores. Solo las series muniquesas parecen llevar décadas reclamando un hueco intermedio: desenfadadas, con color local, pero con un humor propio y bastante inteligentes. El mejor ejemplo de los últimos años es Fett & Fett. Jaksch es nuestro animal espiritual, y quizá pronto el suyo: la serie sigue en la mediateca de la ZDF y parece que habrá otra temporada. Servus Baby navega en aguas parecidas, y quien la prefiera en jerga juvenil, con Fatoni de encargado de supermercado, debería probar la nueva serie muniquesa de Joyn, Stichtag. Algo más rudo, al menos en la factura, nuestros amigos de Fancy Footwork han retratado una resaca de mil demonios en su serie de Instagram Rüde. Y por último, cómo olvidarlo, Monaco Franze está ahora también en Netflix.
Hojear las buenas revistas muniquesas
Múnich puede ser una pequeña ciudad de papel cuché. Y aun así ha conseguido que aquí se publique un estante entero de revistas hermosas y con fondo. Llévese la lectura a casa y mire Múnich por esa ventana impresa. Al margen del gran SZ-Magazin, está el Mucbook, que retrata muy bien las páginas muniquesas; acaba de salir el número 15 gracias a una campaña de micromecenazgo exitosa. También estupenda: la Fika Magazin, cuyo segundo número trae consejos invernales, recetas y pequeñas sabidurías. O Golden Ride, una revista para mujeres que hacen surf, snowboard y bicicleta de montaña. Y si nada de eso va con usted, o ni siquiera le apetece cruzar el portal, écheles un vistazo a la tienda en línea de nuestros favoritos, el Soda Shop: allí hay bastante más que libros.
Primavera
Nos mojamos y afirmamos que hay pocos sitios mejores para la primavera que Múnich, siempre que la primavera se digne aparecer. La esperamos con ansia, porque cuando por fin suben las temperaturas, la primavera muniquesa es como meterse recién duchado en una cama con sábanas limpias. Los cerezos cuelgan en flor, pedaleamos junto al Isar sin que se hielen los dedos y disfrutamos de un sol que por fin sigue ahí después de las cinco de la tarde. La primavera es esperanza, la primavera es un empezar de nuevo, y aquí van al menos once cosas hermosas que harán de la primavera en Múnich la mejor estación del año.
Una ruta en bici de quiosco en quiosco junto al Isar
En primavera no hay nada mejor que volver a sacar la bicicleta. Recomendamos el camino hasta Großhesselohe: se va siempre siguiendo el río y, además, puede convertirlo en una auténtica ruta de quioscos, con once paradas si le apetece. Según las piernas, el tiempo y el trayecto, puede salir del Englischer Garten en Fräulein Müller, pasar por el Milchhäusl y seguir hasta Fräulein Grüneis. Más adelante esperan el Reichenbachkiosk y el Isarwahn, y algo que no debe olvidar: un polo en el quiosco junto al puente ferroviario de Braunau. Hacia el Flaucher llega el café obligatorio en el Kiosk 1917 y la parada de Spezi en el Flaucherstandl, y en el Großhesseloher Brücke tiene dos buenos finales: una Helles con algo de picar en Ronnie’s Kiosk o café con tarta en el Isarfräulein.
Descubra la variedad de los mercados semanales de Múnich
Conoce el fenómeno: uno acaba sin salir nunca de su propio barrio. Al fin y al cabo, suele haber bastante que hacer allí mismo. Una buena razón para cruzar la frontera del barrio es visitar un mercado semanal. Casi todos los barrios tienen uno, pero la mayoría abre solo un día a la semana. Así que saque el cesto de mimbre, salga a pie o en bici más allá de sus calles y hágase con verdura fresca, queso curado, flores de colores o pescado de los lagos cercanos. Nuestros mercados muniqueses favoritos los hemos anotado aquí.
Por fin, deporte otra vez al aire libre
Los gimnasios ya nos entusiasmaban poco antes de la Corona, y a estas alturas también estamos servidos de entrenar en casa. Si no le apetece repetir por centésima vez el mismo circuito de footing, los recorridos de fitness al aire libre de Múnich son la respuesta. Hay bastantes, como puede verse aquí. Y si lo suyo son los juegos de pelota, le proponemos una partida de tenis de mesa o de baloncesto, por ejemplo en el Maßmannpark.
Un paseo hacia el Auer Mühlbach, con paradas de rigor
¿Cuando piensa en copas, bares y buenos restaurantes solo se le ocurren Maxvorstadt o el Glockenbachviertel? Entonces ya va siendo hora de ampliar el horizonte gastronómico y mirar al otro lado del Isar. Allí, el paseo junto al río o junto al Auer Mühlbach admite una parada o dos. Cerveza artesana recién hecha le espera en Brewsli los fines de semana si el tiempo acompaña y, según hacia dónde siga, merecen una visita el Crönlein (a partir de mayo), el Giesinger Weinberg, el Attentat Griechischer Salat, el Ambar Bistro y, de vuelta ladera abajo, el Ahimsa y, por supuesto, el Hexenhäusl, más conocido como Gans Woanders. Dese el capricho.
Disfrutar de la Theresienwiese con una copa de Fräulein Wagner
La Theresienwiese siempre nos gustó, pero en el último año hemos vuelto a apreciarla de veras. No hay muchos sitios con tanto espacio abierto en pleno centro de la ciudad. Aquí patinamos, aquí vamos en bici, aquí nos tomamos la cerveza de después del trabajo en las escaleras que hay bajo la Bavaria; o mejor dicho, la copa de después del trabajo que recogemos en Fräulein Wagner, justo al lado del Bavariapark. Por cierto: ya hay planes para que la Theresienwiese vuelva a ser este año un sitio donde estar, con música y cultura. Estamos expectantes.
Encontrar una bici nueva o poner a punto la vieja
Buenas noticias para quienes van sobre dos ruedas: los carriles bici provisionales vuelven y esta vez parece que se quedan. Un motivo más para hacerse por fin con una bicicleta en condiciones o, al menos, poner a punto la que ya tiene. Recomendamos de corazón a los equipos de Bici Bavarese y de la Veloterie, que han abierto una tienda nueva en la Au justo al empezar la primavera.
La primavera entera en la Georgenstraße
En cuanto llega la primavera nos asomamos a la ventana casi cada hora para no perdernos ni una magnolia ni un cerezo en flor. Nos gusta especialmente pasear por la Georgenstraße, porque delante del Palais Bissing está nuestro árbol preferido, el de la floración más bonita de todas. Combina de maravilla con un café y unos cornetti de Morso o con un buen rollo de canela del TH Café.
Encontrar el mejor helado de la ciudad
Seremos breves: el helado es cuestión de fe. No es de extrañar que cada año salgamos otra vez a buscar el mejor de la ciudad. Para empezar la búsqueda con ventaja, eche un vistazo a nuestra guía de heladerías.
Una buena ración de cultura en las exposiciones de la ciudad
Estamos encantados, y bastante aliviados, de poder volver a respirar aire de museo y de sala de exposiciones. Apenas se anunció la buena noticia, decenas de museos y galerías ya estaban listos. Están, cómo no, los clásicos absolutos, como las Pinakotheken, pero también otras joyas: el Kunstfoyer de la Versicherungskammer Bayern, el MUCA, el Literaturhaus o nuestra garantía eterna de buen humor, el Valentin Karlstadt Musäum.
Salir al verde a por ajo de oso
Hacia mediados de abril suele llegar el momento y, a quien tenga buen olfato, le sorprende de pronto un olor a ajo. La temporada del ajo de oso es corta, pero resulta difícil pasarla por alto en los prados del Isar, en el Südfriedhof y sobre todo en el Englischer Garten, donde la hierba verde crece a lo loco en cada rincón. A nosotros nos gusta buscarlo en la parte norte del Englischer Garten y convertir la cosecha, después de lavarla a conciencia, en un pesto estupendo. Eso sí, cuidado con no confundirlo con el lirio de los valles, que es venenoso: el olor fuerte a ajo es la señal inequívoca de que ha dado con la planta correcta.
Escapadas en transporte público
Sí, hace tiempo que no recomendamos ningún placer más allá de los límites de la ciudad, y todos sabemos por qué. Y sin embargo hay rincones a los que se llega con una buena ruta en bici, con el S-Bahn de Múnich o, como mucho, con un trayecto de tren no demasiado largo. Los Osterseen están sin duda entre ellos. Más escapadas en transporte público, aquí.
Verano
Hay una razón por la que llevamos dos años esquivando una guía del döner: el asunto está muy disputado y, aun así, resuelto. El mejor döner, también conocido como sándwich de halloumi o como hamburguesa de sucuk con feta, es sencillamente el del Türkitch, en la Humboldtstraße. Pensar que hay gente que se marcha de Múnich sin haber comido aquí nos entristece, así que tómelo como una recomendación sin matices para su estancia. Cuando haya superado la media hora de cola, camine con el bocadillo hasta el Rosengarten: no solo es otro punto fuerte a la vuelta de la esquina, sino que está bastante menos lleno que el Isar. También es bonito pasear con la comida en la mano por la Sommerstraße y la Birkenau, donde las casitas antiguas y los adoquines hacen olvidar que se sigue en la ciudad.
Primero el Café Marais, después un rato junto a la Bavaria
Con tantas cafeterías bonitas y realmente buenas en Múnich, cuesta elegir la dirección que uno enseña a las visitas, pero el consejo que nunca falla es probablemente el Marais. Por este café los muniqueses salen incluso de su propio barrio, y no es para menos: está el patio interior recogido y está el mobiliario de los años veinte. En esta tienda-cafetería puede comprarse todo lo que se ve, mesa, sillas y vajilla incluidas. La carta de desayunos también está llena de clásicos que funcionan: yogur griego con miel y nueces o huevos revueltos con tomate, queso y jamón. Quien acabe lleno tras el café, la tarta o el desayuno, o bien se queda medio día sentado, o bien pasea por el bonito Westend, o bien se sienta junto a la Bavaria a disfrutar de las vistas. Un consejo especial que ni los locales han hecho nunca: entrar en la estatua de la Bavaria y asomarse desde su cabeza.
Cerveza en el Biergarten de la Wiener Platz y paseo por Haidhausen
Si nos ponemos a discutir cuál es el Biergarten más bonito, mañana seguimos aquí sentados. Nuestra opinión: el de la Wiener Platz se acerca bastante, porque consigue las dos cosas a la vez. Está en pleno centro y, aun así, uno se siente como si estuviera a las afueras mirando las copas de los árboles. Además de sus muchos castaños tiene otra gran ventaja: es exactamente del tamaño adecuado. Y si llueve, en dos pasos se está dentro, donde espera una taberna de las de siempre, con su mesa de habituales y buena comida. Cuando por la tarde se encienden las guirnaldas de luces, hasta el más escéptico se enamora del sitio. Prometido. Algo que no debe dejar de hacer si anda por esta zona: pasear por la Preysingstraße, una de las calles más bonitas de Múnich. Haidhausen es así, un barrio de superlativos.
Una excursión al Großhesseloher Brücke, con parada para comer
Si le apetece una escapada corta junto al Isar, pero lejos del gentío del Reichenbachbrücke, lo mejor es llegarse hasta Großhesselohe. En tranvía son unos veinte minutos desde Max-Weber-Platz; en bici, quizá diez más. Aquí se puede mirar el Isar desde lo alto, bañarse y sentirse profundamente bávaro viendo pasar las balsas con su banda de música. Después apetece reponer fuerzas, y hay dos buenas opciones. Una es el Isarfräulein, un café-quiosco encantador con patio de colores donde sirven café, tartas caseras y meriendas saladas. La otra es el clásico: al Wawi. La Waldwirtschaft Großhesselohe destaca en su magnífico Biergarten no solo por la buena comida, sino por su escenario de jazz.
Explorar el Container Collective y hacer un tour con Hey Minga
El Container Collective es un sitio único que sus visitas no deberían perderse. Aquí encontrará café y rollos de canela en el Café Kaserne de Janeiro, buenas copas en el Bar of Bel Air, alguna fiesta en el Spanplatte, ginebras excelentes en Gin City y bastante más. Junto a la hostelería trabajan aquí muchos creativos y, con el Werksviertel Mitte alrededor, está naciendo un rincón completamente nuevo de Múnich. Después, súbase a uno de los furgones VW de Hey Minga: sus visitas guiadas resultan interesantes incluso para los de aquí. Hay dos recorridos distintos, los lunes, los jueves y los fines de semana; las fechas exactas están en su web.
Compras en Coco Monaco y copas en el Dachgarten
¿Un plan muniqués perfecto en pleno centro que además esquive los rincones turísticos de siempre? ¿Sus visitas quieren llevarse un recuerdo bonito de la ciudad? Quien además quiera apoyar a las marcas pequeñas de Múnich debe ir al diminuto pero exquisito Coco Monaco, en Marienplatz, donde hay complementos, vajilla, muebles, cosmética y delicatessen, todo de aquí. Después de esa pequeña ruta de compras no hay mejor sitio para relajarse que el Dachgarten. El nuevo lugar de moda de la ciudad, y hay que llamarlo así, reúne azotea, menú del día, barra, un aire salvaje, un punto de Klunkerkranich, planta de aparcamiento, guirnaldas de luces y parterres. ¿Suena bien? Lo es. Y es precioso, con vistas a la Frauenkirche.
Desayuno de Weißwurst en la Großmarkthalle y baile en el Bahnwärter Thiel
Es una institución muniquesa y todo el mundo debería hacerlo una vez en su vida aquí, sus visitas las primeras: sorber Weißwurst en la Großmarkthalle. Desde las siete de la mañana, el carnicero Ludwig Wallner sirve las que dicen que son las mejores salchichas blancas de la ciudad, con su pretzel, mostaza dulce y cerveza. Quien aguante eso a esas horas tiene el día resuelto hasta el mediodía por lo menos, y puede seguir directamente hasta el Bahnwärter Thiel, que está a la vuelta de la esquina y abre desde las doce los fines de semana de verano, con DJ, copas, una buena zona al aire libre y, de vez en cuando, mercadillo. El plan también funciona al revés: bailar en el Bahnwärter hasta bien entrada la noche y quedarse lo suficiente como para ir a por la Weißwurst a las siete de la mañana.
Rastrear el mercadillo del Olympiapark y recorrer el parque
El Olympiapark no es el parque más bonito de Múnich, pero hay muchísimo que ver. Cuando no hay mercadillos de patio en la ciudad, el del Olympia Parkharfe es el plan que siempre funciona. Cada semana cambian aquí de dueño objetos de segunda mano, unos estupendos y otros bastante menos, siempre a precios pequeños. Después de las compras, asómese a Múnich desde el Olymberg y, camino del metro, no se pierda la Villa Olímpica, donde los estudiantes viven en casitas pintadas por ellos mismos. Curiosísimo, y un rincón de Múnich con personalidad propia.
Bañarse en el Maria Einsiedel y tomar un Radler en el Schinderstadl
El Maria Einsiedel es, con diferencia, la piscina al aire libre más bonita de la ciudad, por no decir del mundo: banderines de colores, dos piscinas naturales que se depuran sin una gota de cloro y el gélido canal del Isar atravesando el recinto. Solo el trayecto en bici hasta aquí, entre los prados del Isar y algún tramo de bosque, ya sosiega y enseña la mejor cara de Múnich. Después de pasar aquí el día, todas las puertas quedan abiertas. A la vuelta seguimos parando con gusto en el Schinderstadl, ejemplo perfecto de esa escena de quioscos de lujo que en Múnich ya casi no se distingue de un Biergarten. En el Schinderstadl uno se sienta estupendamente junto al Flaucher y pide una Currywurst, un Radler o un rollo de canela casero.
Pasear por el Haus der Kunst y pedir una copa en la Goldene Bar
De acuerdo, el Haus der Kunst no es precisamente un secreto muniqués, pero merece estar en su lista igualmente, porque aquí se matan varios pájaros de un tiro. Ver las exposiciones temporales del museo, no tan polvorientas como las de la Alte Pinakothek pero tampoco tan abstractas como las del Brandhorst; curiosear en su preciosa librería; y disfrutar después de la luz dorada en la magnífica terraza de la Goldene Bar. Y si le apetece, llévese el bañador y déjese arrastrar una vez por el Eisbach. Ya lo ve: el Haus der Kunst está tan bien situado y es tan bonito que, con visitas en la ciudad, no hay forma de esquivarlo.
Recorrer el Westpark y parar en el Café Gans am Wasser
El Westpark es, por así decirlo, el Englischer Garten de Sendling, solo que aquí todo va algo más tranquilo. Para el aire asiático ofrece, en lugar de la Torre China, una pagoda nepalí y un pabellón tailandés con un Buda sobre una plataforma en medio del lago. Solo con verlo uno se relaja y se imagina en Asia. Después de un paseo por el parque grande, la mejor parada es el Café Gans am Wasser. Este cafetito instalado en una caravana, justo al borde del agua, sirve no solo café, spritz, helado, buenas patatas fritas y hamburguesas, sino también conciertos gratuitos de vez en cuando, clases de yoga y sofás cómodos donde leer con calma. Estamos enamorados del Gans am Wasser, y sus visitas lo estarán también.
Otoño
La exposición Nachts. Clubkultur in München nos lleva de recorrido por ochenta años de vida nocturna muniquesa. Durante los próximos meses, hasta principios de enero de 2023, el Stadtmuseum estará sembrado de lugares y objetos de la subcultura que se daban por perdidos: un trozo de pared del Atomic, la célebre cortina de lentejuelas, la cabina del DJ con sus pegatinas originales e incluso la puerta de entrada auténtica, con su cartel y todo lo demás. El Atomic Café vuelve a la vida, aunque no tan vivo como nos gustaría.
Pasear junto al Auer Mühlbach y entrar en calor con una sopa en Henry hat Hunger
Los paseos son buenos todo el año, pero en otoño alcanzan su mejor momento. El tramo junto al Auer Mühlbach es especialmente bonito: tranquilo e idílico y, aun así, pasa por muchos rincones que merece la pena enseñar a las visitas. Salga del Friedensengel, dé un pequeño rodeo hasta el Kabelsteg del Isar y siga después el arroyo en dirección a la Au tanto como le lleven los pies. Si le entra hambre por el camino, una buena sopa en el simpático Henry hat Hunger lo arregla todo.
Quedarse a gusto en el Biazza entre delicias griegas e italianas
El Biazza, en Giesing, es uno de esos sitios en los que uno entra y se siente en casa al instante. Quizá sea por la decoración, a medio camino entre el minimalismo escandinavo y una buena taberna. Quizá por la carta semanal, que cambia y ofrece delicias griegas e italianas hasta hacer difícil la elección. Pero sobre todo es por Saki y Flo, sus dos dueños, que reciben con los brazos abiertos y una sonrisa de oreja a oreja, y por el padre de Saki, que invita a alargar la sobremesa con distintos aguardientes de su tierra.
Descubrir las tiendas pequeñas del Glockenbach
Quien quiera enseñar a sus visitas los rincones con más carácter de Múnich no puede saltarse el Glockenbach. El barrio está lleno de tiendas pequeñas y estupendas donde se venden cosas bonitas y curiosas. Nuestras favoritas: postales y libros en Wortwahl, interiorismo y moda en el Exit Concept Store y ropa vintage maravillosamente disparatada en Alva-Morgaine.
Descubrir el Munich Art District
En la Berg-am-Laim-Straße 117 luce desde octubre de 2020 un mural de más de trescientos metros cuadrados del artista Christian C100 Hundertmark, creado junto a su colega Sebastian Wandl. En consonancia con el supermercado que hay debajo, C100 realizó una interpretación moderna y llena de color de los alimentos, que brilla en azules y rojos intensos sobre el Munich Art District. La obra descomunal no es lo único que puede verse en las calles de alrededor: el objetivo del Munich Art District es convertir el polígono en torno a la Neumarkter Straße en un barrio vivo y atractivo donde el arte forme parte del paisaje urbano.
Ver buen teatro en escenarios pequeños
¿Cuándo se sentó usted por última vez en un teatro? Probablemente hace ya una temporada. Mejor entonces, porque la nueva temporada teatral de Múnich merece la pena. Le animamos a llenar también las filas fuera de los grandes coliseos. Los teatros pequeños de la ciudad merecen una visita: hay más de ochenta. En nuestra guía ya le presentamos once. Asómese este otoño al Mathilde Westend, al Hofspielhaus o al Teamtheater y compruebe de lo que es capaz la escena teatral alternativa muniquesa. Y, a diferencia de los grandes teatros, después puede discutir tranquilamente sobre la obra y los actores con el puñado de espectadores que había.
Repantigarse en los sillones del Café Jasmin y ver arte en el Museum Brandhorst
El Café Jasmin es ya conocido en toda la ciudad, con su tapicería de terciopelo verde menta, sus percheros metálicos, sus lámparas de araña y su papel pintado fotográfico de los años cincuenta, que incluso está protegido como bien patrimonial. Si no le apetece hacer turismo pero quiere enseñar a sus visitas algo genuinamente muniqués, entre sin más en este café acogedor de la Augustenstraße a cualquier hora del día. Por la tarde uno se hunde en los sillones blandos con un capuchino y una tarta de trufa; por la noche, con una limonada Maxvorstadt, limonada casera de frambuesa con ron, y se siente como en el salón de su abuela. Quien consiga levantarse del sillón hará bien en ir a ver las exposiciones del Museum Brandhorst o de la Pinakothek der Moderne.
Encontrar tesoros en el mercadillo de Daglfing y tomar una sauna en el Prinzregentenbad
En el mercadillo de Daglfing, que se celebra aquí cada viernes y sábado, se pueden comprar buenas antigüedades con el hipódromo de fondo. Hay de todo lo que puede desear un corazón vintage: porcelana, joyas, ropa, muebles, marcos, lámparas y bastante más. Un mercadillo que de verdad justifica el viaje hasta las afueras. Y como pasear y rebuscar al aire libre enfría rápido en otoño, lo mejor después es entrar en calor en el Prinzregentenbad, donde en 1.300 metros cuadrados esperan baño de vapor, saunarium, sauna de troncos, sauna finlandesa y jacuzzi.
Dar la vuelta al Wörthsee con un chocolate caliente y pisar el Biergarten por última vez
Tome el S8 en dirección a Herrsching y, tras cuarenta minutos de trayecto entre paisajes, llegará a Steinebach. Desde allí se baja la cuesta hasta el precioso Wörthsee, que también en otoño merece una visita. Puede pasear por el paseo del lago, mirar con algo de envidia las casetas de los huertos junto a la orilla, cruzar el agua en patín y sentarse en un banco con un chocolate caliente de Il Kiosko a ver pasar la vida. O sentarse por última vez este año en el Biergarten del Augustiner, atrapar los últimos rayos de sol y brindar por el otoño dorado.
Alioli casero y algo más: tapas en el Madam Anna Ekke
Uno de nuestros locales preferidos para el brunch y el sol de todo el día aprovechó el confinamiento para retocar la carta. Ahora la fina dama nos atrae a sus paredes de colores con tapas. Solo diremos esto: alioli casero, papas arrugadas y pimientos de padrón. ¿Le suena todo familiar? Pues nada, para allá y pida la carta de arriba abajo.
Música en vivo, patatas recién hechas y copas en la Waldschlucht de Bad Kohlgrub
Durante décadas, el Café Waldschlucht, cerca de Bad Kohlgrub, fue un destino habitual de excursión, pero esos tiempos quedaron atrás. Desde principios de 2021, sin embargo, se trabaja allí para devolver la vida al viejo edificio y a su estanque. Detrás están, entre otros, Julian y Daniel Hahn y sus amigos, que ya nos demostraron con el Bahnwärter Thiel, Gans Woanders o la Alte Utting que no le hacen ascos a ninguna tarea y que son capaces de crear un oasis en el lugar más improbable. En la Waldschlucht siguen las obras, pero este mismo verano debería arrancar un pop-up junto a la piscina, y ya nos hacemos a la idea de patatas fritas, una Helles y quizá algún concierto a la orilla del agua. Lo mejor para seguir las novedades es su página de Instagram. En coche se llega en aproximadamente una hora, en cuanto abra; en tren, hora y media hasta Bad Kohlgrub.